FRAGMENTO:
"-Si, hija mía. Quiero probar lo que has preparado.
Iban llegando a la cocina después de cruzar el espacio sacramental de las bóvedas. Mignon volvió a mirar muy fijo a su padre:
-¿De veras, papá? No me ofenderé si no comes, es sólo un juego.
Ella esperó para que él la obligara, para que la culpa de todo lo que iba a suceder fuera suya, su destino libremente asumido, de su propia elección. Adriano respondió riendo:
-Se me hace agua la boca.
Mignon abrió de golpe la puerta del horno. Adentro, en ese infierno, el rostro de Aída reía la tremenda carcajada de la manzana dentro de la boca, la frente engalanada con perejiles y laureles y rodajas de zanahoria y limón como para día de carnaval, apetitosa durante una fracción de segundo: horrenda inmediatamente después, el mundo entero horrendo, si, el infierno mismo…, con una patada feroz Adriano cerró la puerta del horno y su fusta laceró el rostro de Mignon, su propio alarido de dolor confundido con el de su hija que huyó a la montaña de leña porque sus ojos enceguecidos de pavor no podían guiarla hasta la puerta de salida, aullando, perseguida, azotada por Adriano que aullaba, las manos de Wenceslao tratando de sujetar a su padre, mientras en el horno seguía dorándose la cabeza suculenta de Aída que lo llenaba todo con su aroma festivo y pérfido. Adriano acorraló a Mignon, pegándole con la empañadura de oro de su fusta. Pero la niña enceguecida escapó al padre enceguecido trepando la leña, sangrando el rostro, un atisbo de conocimiento que era puro terror animando su cuerpo para huir, sus rodillas, sus manos rotas, pateadas por las botas de su padre, chillando, el blanco disfraz de marinero hecho jirones, Adriano trepando tras ella para castigar a la asesina, agarrando un leño para azotar hasta el fin a la dueña de esas manos defensivas que inútilmente se alzaban en un último intento de protección, las manos de Wenceslao tirándolo de la ropa para impedirle asestar otro golpe con el leño ensangrentado, pero Adriano descargaba otro y otro, el leño nudoso cala una y otra vez hasta hacer papilla el cuerpo de la hija criminal e inocente que ya había dejado de moverse, convertida en una masa de sangre y de almidón sucio y pelo y huesos, mientras los que habían bajado al sótano al oír tanto aullido capturaban a Adriano, que, con los ojos cayéndosele de las órbitas y el rostro empapado de sudor y llanto y la boca rajada por los gritos y sollozos, quería huir pero seguía repartiendo golpes contra todos, lacayos, cuñados, niños, cuidado que está loco, peligroso, frenético, cogerlo de las piernas para tumbarlo, más hombres, que vengan más hombres para ayudar, pero Adriano seguía de pie entre los derrumbes de leña, poderoso, casi desnudo porque su ropa rasgada descubría el vigor de su tórax empapado con la sangre propia y la de la hija, las manos desolladas blandiendo ciegamente el tronco con que azotaba a esos desconocidos que eran su familia y sus servidores. Lograron derribarlo. Un batallón de sirvientes lo ató y amordazó para que no gritara. Y lo metieron en uno de los innumerables torreones de la casa donde pasó muchos días y muchas noches inconsciente, sus ojos completamente abiertos como si le dolieran demasiado como para poder cerrarlos."
CASA DE CAMPO - NOVELA
(FRAGMENTO)
AUTOR: JOSÉ DONOSO
1978
Creo que no estuve en la clase que se leyó este fragmento...
ResponderEliminarBueno, en comparación al cuento que leímos hace un tiempo(El Charlestón), me parece maravillosa la forma en que José Donoso pude abordar temas tan distintos en cada obra y con personajes particulares con actitudes y funciones diferentes dentro de la narración. Lo que más me gusta de este autor es la manera en que describe cada acción o situación, en resumen, es como un hilo indivisible que une todo de manera precisa. Lo que me llamó la atención de este fragmento en particular, es cómo, al cabo de leer algunas líneas, se puede observar que en ningún momento deja de lado a alguno de los personajes.
Saludos a todos :).
Por cierto, no había tenido la oportunidad de leer algún fragmento de esta novela. Se ve muy interesante.
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ResponderEliminardescribe muy bien el momento de rabia, sufrimiento y tal vez impotencia que está viviendo, toda la transformación de su rostro por la emoción de dolor,que es incapaz de poder soportar, y por lo tanto incapaz de controlar.
ResponderEliminarAl efectuar la comparación entre el charlestón y casa de campo, a mi parecer cambió de un relato superficial y cotidiano, a un relato macabro, que puede ser real, pero inimaginable, por lo tanto, logra describir perfectamente una situación que puede llevar a la locura a un ser humano, al extremo de destruir a la persona que provoca esta pesadilla.
ResponderEliminarGracias por sus comentarios. Si se fijan, lo que se relata se podría resumir en pocas líneas; podría perfectamente ser parte de las policiales de algún diario. Pero lo sorprendente es como esa anecdota es descrita; con un cuidado en la elección de las palabras y la forma de narrar, que casi pareciera que se habla de otra cosa.
ResponderEliminarSaludos,
Juan J. J.